viernes, 29 de febrero de 2008

Oh Britney!!!


Vean esta belleza! Escuchen su melodioso traqueteo! Si se esparcieran en su fino interior!

Es de colección!, exclamaba orgulloso Yucsan, mi hijo mayor. Reflejando todo la ilusión que sentía por su más valiosa y reciente adquisición: su primer automóvil.

Una vez más su hermano menor y yo nos hicimos cómplices y lo acompañamos en su entusiasmo. Aunque la realidad nos desmentía descaradamente y sin compasión.

Britney, bautizado así en honor a Britney Spears, era un armatoste viejo y destartalado que contra todo pronóstico ha pasado a ser un miembro importante de nuestra familia.

Cuánto sacrificio, cuántas penalidades y trabajo pasó mi hijo por la caprichosa Britney, que encendía cuando estaba de humor, distribuía generosas cantidades de gases a su paso, o se paraba inoportuna en medio del tráfico, despertando la algarabía de los otros conductores.

Pero sería ingrato olvidar que, al mismo tiempo, como lo compensó con creces, otorgándole infinitos momentos de felicidad, de gran satisfacción y aventura plena. Momentos que sólo un muchacho de 26 años sabe apreciar.

Hoy al recordar la noche que Britney llegó a nuestras vidas, revivo la inmensa ternura que sentí por mis hijos en ese momento. Y confirmo por experiencia propia que esos instantes simples y pequeños son los que depositan esa dicha dulce y permanente que nos acompaña toda la vida.

Como ésta, muchas de nuestras vivencias de familia, discusiones, acuerdos, llantos, risas, angustias, satisfacciones, logros, triunfos, éxitos y más, me reafirman como se quieren mis muchachos, como nos queremos y me hacen sentir muy orgullosa de ellos. Me reafirman que nos admiramos y nos queremos los unos a los otros.




Yucsan...uno de mis muchachos!!!

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