sábado, 26 de abril de 2008

Robi

Roberto antes de cumplir 1 año


Su personalidad fuerte y desbordante se hizo evidente desde el momento mismo que llegó a este mundo, cuando se opuso magistralmente al timorato equipo de médicos que me asistía en el alumbramiento y que había prescrito la necesidad de una cesárea. Simplemente nació. Imponiendo su propio ritmo, su propia travesía. Lo que al principio creí una casualidad, hoy la sé una realidad. La cesárea, simplemente, no estaba en sus planes.

Marcó así un nuevo hito en mi vida.

Luego de muchas tribulaciones, lo registramos como “Roberto Yuctong” y lo llamábamos por el segundo nombre. Pero, él no estuvo de acuerdo, y aún siendo muy pequeño decidió ser reconocido como “Roberto”, haciendo caso omiso cuando lo reclamábamos como “Yuctong” o “Tony”.

Por lo demás, fue el bebé ideal, el que toda madre sueña: bello, dulce, perfecto, sano, amoroso, gracioso y juguetón, de esos que se roban el corazón de todo el mundo, dispuesto a dejarse querer y al mismo tiempo, dispuesto a prodigar su ternura.

Sin embargo, nunca voy a olvidar lo que hacía cuando no estaba de acuerdo con algo o con alguien. Lo recuerdo como si fuera ayer: parado (desde que aprendió a pararse por si solo), con los brazos cruzados y el seño fruncido, todo un hombre! Era su forma de protestar. Sin llanto, sin pataletas.

Con el tiempo, su infinita curiosidad y ansias por querer saberlo todo ha ido creciendo. Sólo por el gusto de saberlo, sin ninguna intensión de reconocimiento o soberbia.

Esas características tan suyas han continuado reafirmándose, a través de sus actitudes, sus intereses, bajo distintas coyunturas, con esa misma seriedad y tranquilidad con la que él va por la vida.

Con voz pausada y grave, es un joven hombre de pocas palabras pero amplio y receptivo, capaz de escucha opiniones, analizarlas, compararlas, evaluarlas. Pero, una vez tomada una decisión, la defiende con pasión, con ahínco, con todas sus fuerzas, aún a pesar suyo.

Así es mi Robi, un ser único y maravilloso.

viernes, 11 de abril de 2008

Tu Gata...


Cual gata en celo,
me acurruco a tu lado.
me sumerjo entre tus brazos,
al acecho de tus besos.

Maúllo a tu oído.
te provoco,
Te apremio,
te busco.

Te ofrezco mis 7 vidas
te pido… todas las tuyas
y sólo un instante

Sigilosa,
no renuncio.
Te lamo.
Te deseo.

Soy tu dueña.
Me perteneces.
Te poseo.
Me colmo de ti.
Te maúllo.

Ronroneo…

jueves, 3 de abril de 2008

Mis Aventuras con Morfeo Parte I

Iris


¿Porqué cada vez que sucede algo “fuera de lo normal”, o que se convertirá en “la anécdota” del viaje, yo estoy durmiendo? esto es algo que me he preguntado muchas veces. Y si, una de las respuestas obvias es que realmente soy muy dormilona, también tiene mucho que ver con mi inexistente espíritu aventurero, mi total apego a la comodidad y despreocupación por los detalles importantes. En los viajes que realicé con mi hermana Iris, mi mejor excusa siempre fue “Iris es la guía experta”.

Una de esas anécdotas inolvidables sucedió cuando cruzamos juntas el Río de la Plata, esta travesía fue una decisión de última hora, no estaba en nuestro itinerario, pero así era Iris, aventurera e impredecible.

Nos embarcamos por la tarde en Buenos Aires, pasamos una placentera noche en pleno río y amanecimos en Punta del Este, recuerdo que cenamos con un grupo de turistas, reímos mucho, cantamos, bailamos y disfrutamos de una cálida noche bajo el cobijo de la luna, más tarde nos fuimos al camarote y como de costumbre yo me dejé llevar por un relajante y reparador sueño de viaje de placer.

La versión de Iris, distaba tangencialmente de la mía. Ella no narraba esa noche como apacible, sino como una de las peores experiencias de su vida:

“fue prácticamente arrancada de su litera por un brusco movimiento, aún media dormida y sin comprender lo que sucedía, observó a través de la claraboya que nos encontrábamos en medio de una gran tormenta, con incontrolables vientos huracanados e inmensas olas. Aterrada, trató de despertarme a gritos sin obtener respuesta, arrastrándose, logró colocarse el salvavidas, luego sujetándose de cuanto podía, en medio de la oscuridad y el fuerte zarandeo del barco avanzó lentamente hacia donde yo dormía, recorrer la poca distancia que nos separaba le pareció una eternidad, de pronto … la calma absoluta. Continuaba lloviendo, pero la tormenta había amainado”

No me despertó.

… y no me habló por varios días. Yo? me enteré cuando todos comentaban sobre la terrible noche que habían pasado, intercambiando experiencias, consejos y direcciones para mantenerse en contacto luego de haber sobrevivido a tan inolvidable aventura.